Aumenta 28% la conectividad aérea internacional de Veracruz durante 2025
Leer más
Por Sí Estaban Con El Pendiente.
Quetzalli Carolina Vazquez
04/01/2025
En el Día del Periodista, hay muchas cosas que decir, entre ellas una que resulta imposible ignorar: México, es el segundo país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo, solo detrás de la Franja de Gaza de acuerdo con el número de homicidios registrados.
En el año 2025 fueron asesinados nueve periodistas, desaparecieron 28 y se documentaron decenas de agresiones y ataques continuos, muchos de ellos provenientes de instituciones gubernamentales y de funcionarios en el poder.
En el caso de Veracruz, informar sigue siendo un acto de riesgo extremo,
es el estado con mayor número de periodistas asesinados en México desde 2020, y a los homicidios se suman desapariciones, amenazas y agresiones que rara vez se castigan; en Veracruz, atacar a un periodista sigue siendo un delito de bajo costo.
La desaparición en abril del 2025 de Miguel Ángel Anaya Castillo, periodista de Pánuco Online, exhibe con crudeza lo que se vive en el estado: Miguel desapareció tras denunciar amenazas vinculadas a su labor informativa; sin embargo, a la fecha, no hay responsables, no hay resultados y no hay voluntad de esclarecimiento visible.
El mensaje del Estado es demoledor: un periodista puede desaparecer y el sistema sigue funcionando como si nada; Miguel se convirtió en estadística, en cifra; un nombre más en una larga lista de desaparecidos.
La persecución judicial contra Rafael “Lafita” León Segovia marca otro nivel de degradación, acusarlo inicialmente de terrorismo no fue un error menor, fue un acto de intimidación gubernamental y, aunque el cargo fue retirado, el daño ya estaba hecho.
Con todo y los riesgos que implica ejercer, los periodistas en Veracruz seguimos informando, cuestionando e investigando y lo hacemos en condiciones adversas... algunos con salarios precarios, sin garantías de seguridad y bajo un discurso oficial que nos estigmatiza, nos llama “carroñeros”, "miserables", "zopilotes" y nos retrata como enemigos públicos.
El desprecio desde el poder no es casual: desprestigiar al periodista permitirá —cuando sea necesario— justificar su agresión.
En este contexto, la unidad gremial no es una consigna romántica, es una estrategia de supervivencia, porque la fragmentación beneficia al poder y expone al periodista aislado.
Por eso, hay que decirlo: defender a uno es defender a todos y callar ante la agresión ajena es allanar el camino para la propia.
El apoyo social, el respaldo del ciudadano al periodista
—se agradece— pues es un contrapeso indispensable y porque sin periodistas no hay información; sin información no hay ciudadanía crítica; y sin ciudadanía crítica, la impunidad se vuelve norma.
Por eso, en Veracruz, en el Día del Periodista levantamos la voz, denunciamos y exigimos pues sabemos que ejercer el periodismo es cada vez más difícil, y precisamente por eso, hacerlo sigue siendo un acto de dignidad y resistencia.
Pero incluso en este escenario adverso, el periodismo no ha sido derrotado, los periodistas seguimos informando a pesar del riesgo y el desprecio; seguimos investigando, preguntando e incomodando, aun cuando hacerlo implique enfrentar amenazas, estigmatización o aislamiento y eso es valentía.
Ejercer el periodismo hoy en Veracruz exige carácter, convicción y un profundo compromiso con la sociedad por eso, más allá de la crítica necesaria y de la denuncia obligada, reconocer la labor de quienes siguen informando es un acto de justicia.
En un estado donde el silencio se impone por la fuerza, contar la verdad es un acto de dignidad. Y ese valor —el de los periodistas— merece respeto, respaldo y memoria.