Artículo de Opinión 30/Sep./2026 - 9:34 am

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La belicosidad en la naturaleza humana

/Gilberto Nieto Aguilar

El viernes 25 pasado, al filo de la media noche, se escucharon en una avenida muy transitada cerca de Lázaro Cárdenas, varios disparos de un arma posiblemente calibra .38. Minutos antes, en la misma avenida, se escucharon bajar a varios motociclistas disparando armas de menor calibre. Silencio total. Entonces ¿qué festejaban? ¿Eran avisos, amenazas, distractores para alguna fechoría cercana, persecuciones, júbilo o alarde de plena impunidad?

La belicosidad en la naturaleza humana es un tema muy debatido en antropología, biología evolutiva y filosofía. Mientras algunas posturas sostienen que la agresión y la guerra son rasgos innatos ligados a la supervivencia y la competencia por recursos naturales, territorio o dominio político, otras argumentan que la guerra ha sido una invención frente a las condiciones creadas por el hombre y que al cambiar éstas, la violencia organizada puede erradicarse.

¿Por qué está el mundo tan lleno de violencia y agresividad? ¿Por qué son tan frecuentes la hostilidad y la crueldad entre las personas? ¿Por qué se amenazan entre sí las naciones con el exterminio nuclear? ¿Por qué aumenta la delincuencia prácticamente en todas partes? ¿Cuál puede ser la respuesta? La más cómoda es, desde luego, afirmar que el hombre es un ser imperfecto, nacido en pecado y agresivo por naturaleza. Además, esta explicación es muy cómoda para casi todo el mundo, porque a quien nace así, no puede culpársele por su comportamiento.

Muchos escritores, científicos e historiadores, indican que no hay una evidencia sólida de un “instinto de agresión” humano innato. Gran parte del comportamiento agresivo parece aprendido y dependiente del contexto. Las guerras, en sentido estricto, parecen emerger con las comunidades urbanas, hace unos 10.000 años, no en el Paleolítico temprano. La violencia intergrupal tiende a aumentar con la complejidad económica y política, mientras que en sociedades pequeñas e igualitarias, es menos frecuente o de otro tipo.

Aunque no hay un consenso válido, autores como René Girard subrayan que la violencia y la muerte han sido consustanciales a la condición humana, rechazando la idea de una “edad de oro” de paz y tranquilidad. Si bien la violencia está en la naturaleza como forma de sobrevivencia, la guerra organizada es un fenómeno histórico propio del homo sapiens, ligado a la disciplina, la tecnología y la organización (F. Calvo, Homo Bellicus).

Steven Pinker, profesor en Harvard, no niega la existencia de instintos agresivos, pero sugiere que instituciones, normas y valores pueden modularlas de forma profunda y duradera. En conjunto, algunos autores muestran que la belicosidad humana es contingente y modificable, no un destino ineludible.

Las personas son seres maravillosos y de un gran potencial. Encierran en su interior todas las fuerzas y energías existentes en el universo, del cual formamos parte. Pero las personas tienen que estar conscientes de que cada una guarda en su interior amor y odio, empatía y resentimiento, alegría y tristeza, fuerza y debilidad, entendimiento y necedad, voluntad e indiferencia, para hacerse responsables de sí mismas.

Si la persona es capaz de sentir sensaciones contradictorias, y su crianza le ha inducido a ver más de una sola tendencia (maldad, crueldad, robo, desamor), no quiere decir que los otros sentimientos como bondad, compasión, honestidad y amor no estén también presentes en su plano de vida. Sólo tiene que detenerse y pensar en lo que hay en su interior, en lo que le da satisfacción, en lo que espera de la vida, en lo que debe ser, según su personal criterio. Y definirse bajo el principio de que cada quien es lo que quiere ser.

gnietoa@hotmail.com

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